Un intrépido empleado de Teva ha conquistado la montaña más alta de África para reunir miles de dólares para caridad a fin de luchar contra la propagación de enfermedades tropicales desatendidas (Neglected Tropical Diseases, NTDs) en el mundo en desarrollo.

Giancarlo Francese, Jefe de Impacto Social y Responsabilidad de Teva, fue acompañado por 11 aventureros, de Estados Unidos, Suiza y Tanzania, en la ardua caminata por el imponente Monte Kilimanjaro.

El hombre de 46 años escaló más de 19 000 pies/5895 metros hasta la cima del ‘Techo de África’ para generar conciencia para The END Fund, que pretende terminar con el sufrimiento causado por las NTDs evitables.

 


El Monte Kilimanjaro de Tanzania es la montaña de mayor altura del mundo, y el ascenso le llevó a Giancarlo y su equipo seis días, con los escaladores que sufrían de agotamiento y el mal de la montaña a lo largo del recorrido. Antes de partir, Giancarlo solo había escalado ciertas partes de los Alpes Suizos (que describió como “pan comido”), pero se inspiró con el cambio que podría lograr al intentar terminar con las enfermedades curables de África y la región.

Estas enfermedades curables y evitables afectan a más de 1500 millones de personas pobres del mundo, incluidos 836 millones de niños. Las enfermedades parasitarias y bacterianas causan un dolor agudo, deformidades y discapacidades, y en algunas ocasiones pueden ser evitadas si se toma una medicación básica que damos por hecho en el occidente.1

La tarea tocó el corazón de Giancarlo, quien había trabajado en países en desarrollo luchando contra enfermedades similares y sus antiguos ideales de ayudar a quienes lo necesitan.

Giancarlo, quien ha trabajado en Teva desde 2015, fue invitado por una organización sanitaria mundial externa, que lo conocía por su historial de trabajo previo que abarca trabajos en varias ONG y las Naciones Unidas (ONU). “Fue un desafío único y quería realmente formar parte de ello, me sentí halagado primero al ser invitado, y luego al ver que mi jefe quería que formara parte”, dijo Giancarlo. “Estos problemas siempre han sido importantes para mí, intento decirle a mi hija que la filosofía de la vida es cuidar a los demás, aunque solo puedas ayudar a una sola vida”.

Giancarlo comenzó a entrenarse para senderismo meses antes de dejar su hogar en Basilea, Suiza, trabajando a diario en ejercicios de resistencia y equilibrio. “Sabía que escalar el Monte Kilimanjaro era un gran desafío, la montaña es muy alta y la falta de oxígeno era una preocupación”, mencionó. “Sabía que requería de mucho entrenamiento físico y mental, y mis amigos y mi familia tenían mucho miedo porque nunca antes había escalado. Me preguntaban si estaba en una crisis personal, pero, aun así, estaba determinado a hacerlo”.

El equipo de colecta de fondos estableció un objetivo de $80,000 dólares, mientras que Teva generosamente donó €10,000 euros, destinados a ayudar a eliminar y controlar enfermedades como tracoma y filariasis linfática (LF).2 “Era mucho dinero el que debíamos recaudar, pero puede ser de tanta ayuda, en especial al pensar que con $86 puedes pagarle la cirugía a alguien para ayudarlo a evitar que pierda la vista debido a la ceguera a causa del tracoma”, dijo Giancarlo.

El padre de un hijo único fue presentado con el resto del equipo al llegar a Tanzania, y de inmediato los aventureros crearon un vínculo antes de comenzar el recorrido el 29 de junio. Giancarlo dijo que estaba feliz de unirse a esta gente tan afín, y que los escaladores pronto se convirtieron en amigos, lo cual era práctico porque el grupo no tenía contacto con el mundo exterior una vez comenzada la hazaña.

Giancarlo dijo que ver el Monte Kilimanjaro lo impactó de inmediato. “Cuando vi la montaña por primera vez comprendí lo grande que era, vivo en Suiza y había visto los Alpes, pero esto era otra cosa”, dijo.


Giancarlo relató que los guías siempre fueron amables, y les recordaban a los aventureros que debían mantenerse hidratados ‘sorbo a sorbo’ e ir despacio, y que rápidamente le brindaron buenos consejos cuando se enfermó con el mal de altura al tercer día de comenzar la caminata.

Cada día, el equipo enfrentaba nuevos desafíos, y caminaban por selvas tropicales, crestas rocosas, desiertos de lava y glaciares. “Nunca había visto tantas estrellas, vimos a Júpiter, a Saturno y a Marte, no había contaminación lumínica y el aire era muy puro”, dijo Giancarlo.

El día previo a planificar el tramo final a escalar, el equipo fue a dormir temprano y se levantó a las 11:30 p. m. para finalizar el ascenso. Lo que dificultó aún más la caminata fue la gran nevada, que según los guías fue una de las capas de nieve y hielo más gruesas que hayan visto jamás.

 “Fue una experiencia increíble desde el comienzo, pero el día de la cima fue muy, muy especial. No caminas mucho, solo seis horas, pero la experiencia fue increíble”, dijo Giancarlo. “Fue una experiencia espiritual. Escalamos con nuestros faros y con guías increíbles que nos ayudaron en todo el recorrido. En la cima, todos lloramos en Stella Point porque estábamos muy felices, y al llegar al Pico Uhuru, volvimos a llorar”.

El descenso fue mucho más rápido, solo un día, y cuando llegaron a la base el equipo se embarcó en una nueva tarea: visitar dos programas NTD respaldados por The END Fund.

Oscar Kaitaba, jefe del programa en el Ministerio de Salud de Tanzania, se unió al equipo y analizó el impacto de NTD en el país, y Edson Eliah Mwaipopo, director del Centro Kilimanjaro para la Oftalmología de la Comunidad (Kilimanjaro Centre for Community Ophthalmology, KCCO), quien habló de su trabajo con el tracoma. El grupo visitó la Escuela primaria Kilari en Siha District, donde fueron recibidos por los estudiantes y los profesores cantando canciones sobre la educación sobre higiene.

El equipo habló con un joven con etapa avanzada de LF, que incluía elefantiasis en su pierna, lo que deprimió a Giancarlo, en especial porque es una enfermedad que puede ser tratada. “Si bien era joven y se veía físicamente fuerte, una de sus piernas era enorme y sufría de elefantiasis” dijo Giancarlo. “Su vida obviamente fue difícil y dolorosa.

“A menudo, los enfermos no pueden caminar porque los zapatos son demasiado pequeños para sus pies tan grandes, y la gente de Tanzania puede sufrir de aislamiento y rechazo de su pueblo por estos síntomas. Nos dijeron que a veces el solo hecho de que los tocara un médico los hacía sentir un poco mejor”.

El equipo luego visitó una clínica de tracoma, donde algunos locales del grupo étnico Masái recibieron una cirugía contra la triquiasis. Para los hombres y mujeres con tracoma, esta cirugía los ayuda a ver mejor y a evitar un daño mayor en sus ojos, lo que puede derivar en ceguera.3

De los 12 escaladores, 11 completaron el viaje y Giancarlo dijo que toda la experiencia fue un desafío mental y físico intenso, único y muy profundo. “Antes de comenzar a escalar, un amigo me dijo que descubriría una nueva perspectiva, y es cierto”, dijo Giancarlo.

“Esto sucedió no solo gracias a haber llegado a la cima, sino a nuestro espíritu de equipo, y gracias a las personas, los médicos, los profesores y los estudiantes que conocimos. Personas con humildad y amor, que ayudan a los desatendidos a diario para asegurarse de que estas enfermedades no vuelvan a ser un problema.

“No soy Superman por haber completado esto, cualquiera con la filosofía correcta podría ayudar, y no necesariamente se debe ir a África, puede que haya un vecindario que necesite ayuda”.

Visite el blog “La cima para llegar a END” con los detalles completos del viaje aquí >


REFERENCIAS

  1. The END Fund https://end.org/ntds-in-focus/
  2. Organización Mundial de la Salud http://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/lymphatic-filariasis
  3. The END Fund https://end.org/ntds-in-focus/trachoma/